El camino hacia la maestría pasa inevitablemente por la especialización. No se puede comprender a fondo un campo sin sumergirse en sus detalles, sus matices. La amplitud da contexto, pero solo la profundidad otorga la capacidad de ver lo invisible para el generalista: las sutilezas que separan lo mediocre de lo extraordinario. Quien no se especializa es porque no tiene la inteligencia, capacidad o criterio para hacerlo.
Sin embargo, especializarse no significa declararse experto en el sentido cerrado del término. El momento en que alguien se asume experto absoluto suele ser el mismo en que deja de aprender. La actitud adecuada es la del aprendiz perpetuo: alguien que domina lo suficiente como para detectar lo que otros no ven, pero que mantiene la conciencia de que todo conocimiento es parcial, provisional y abierto a revisión.
Sin embargo, especializarse no significa declararse experto en el sentido cerrado del término. El momento en que alguien se asume experto absoluto suele ser el mismo en que deja de aprender. La actitud adecuada es la del aprendiz perpetuo: alguien que domina lo suficiente como para detectar lo que otros no ven, pero que mantiene la conciencia de que todo conocimiento es parcial, provisional y abierto a revisión.