La opinión predominante antes de internet era que la información y el conocimiento no se difundían más de lo que lo hacían por las dificultades y coste para su acceso. Con internet primero y con la IA ahora el conocimiento ya no está en libros caros de Springer ni en matrículas solo aptas para empastados. Harvard, Stanford y Yale tienen sus cursos en abierto en internet. Clases magistrales, programas completos, libros, ejercicios, foros, simulaciones. Todo gratis. Sin embargo, ni hubo ni habrá hordas de genios autodidactas, ni siquiera clubes de lectura que no versen sobre libros que vayan más allá de El Barco de Vapor. El problema nunca fue el acceso, es la voluntad.
El cuello de botella no es la inteligencia, es la disciplina. La capacidad de hacer lo aburrido sin que nadie lo exija. La mayoría no lo hace y no es porque no pueda sino porque no quiere. O peor aún, porque no puede querer, porque carece de la posibilidad de sostener una tarea sin gratificación inmediata.
La correlación entre inteligencia y autodisciplina está alrededor de 0.3. Es una correlación débil, así que tener un IQ decente de al menos 120 en adelante no garantiza voluntad ni constancia. La mayoría de los hombres inteligentes no tienen voluntad, al igual que el resto. Estos hombres con inteligencia, pero sin voluntad, son rápidos de palabra y lentos de obra. Abandonan cuando empieza lo difícil, lo que tarda en llegar.
Es trágico cómo se usa internet. El invento más poderoso de transmisión de conocimiento se ha convertido en un vertedero de distracción, ego y ruido. Miles de millones de cerebros conectados, y lo que predomina es la repetición, el escándalo, el meme. Es trágico cómo se usa la inteligencia artificial. Una herramienta que podría ser el asistente perfecto para la exploración profunda, la síntesis rigurosa, la formación autodidacta de élites técnicas, se usa para resumir textos que no se leyeron, para automatizar respuestas sin comprenderlas, para producir palabras sin ideas, para evitar pensar.
El cuello de botella no es la inteligencia, es la disciplina. La capacidad de hacer lo aburrido sin que nadie lo exija. La mayoría no lo hace y no es porque no pueda sino porque no quiere. O peor aún, porque no puede querer, porque carece de la posibilidad de sostener una tarea sin gratificación inmediata.
La correlación entre inteligencia y autodisciplina está alrededor de 0.3. Es una correlación débil, así que tener un IQ decente de al menos 120 en adelante no garantiza voluntad ni constancia. La mayoría de los hombres inteligentes no tienen voluntad, al igual que el resto. Estos hombres con inteligencia, pero sin voluntad, son rápidos de palabra y lentos de obra. Abandonan cuando empieza lo difícil, lo que tarda en llegar.
Es trágico cómo se usa internet. El invento más poderoso de transmisión de conocimiento se ha convertido en un vertedero de distracción, ego y ruido. Miles de millones de cerebros conectados, y lo que predomina es la repetición, el escándalo, el meme. Es trágico cómo se usa la inteligencia artificial. Una herramienta que podría ser el asistente perfecto para la exploración profunda, la síntesis rigurosa, la formación autodidacta de élites técnicas, se usa para resumir textos que no se leyeron, para automatizar respuestas sin comprenderlas, para producir palabras sin ideas, para evitar pensar.