• today
  • contact
All the info about the real apocalypse date
It's the end of the world as we know it

Sexy Miseria 2

8/27/2026

0 Comments

 
Picture
0 Comments

El principio de contaminación

8/27/2026

0 Comments

 
Cuando a un montón de comida se le añade una pequeña cantidad de mierda, ya no se tiene comida, se tiene literalmente un montón de basura. Cuando a un montón de mierda se le añade un poco de comida, no se obtiene comida. Se sigue teniendo el mismo montón de mierda. Lo bueno desaparece cuando se mezcla con lo malo. No todo admite mezcla. No todo se compensa por proporción. No todo puede integrarse sin alterar la naturaleza de lo integrado. Ese es el principio de contaminación.
 
La mentalidad moderna tiende a pensar en términos cuantitativos: mientras lo bueno sea más abundante que lo malo, el resultado seguirá siendo aceptable. Pero muchas formas de orden no funcionan así. Una institución puede tener noventa procedimientos correctos y una sola práctica corrupta que la vuelva indigna de confianza. Una casa puede estar limpia casi entera y oler mal por un solo foco de podredumbre. Una vida puede conservar muchas rutinas aparentemente sanas y, aun así, quedar desviada por una concesión esencial. La contaminación no necesita ser la mayoría. Solo necesita existir.
 
Esto se ve en las sociedades. Un orden civilizado no es una suma mecánica de habitantes, leyes y edificios. Es una forma de vida. Depende de hábitos invisibles: silencio, autocontrol, puntualidad, cortesía, respeto al espacio común, vergüenza ante lo vulgar, capacidad de diferir la gratificación, cuidado de la palabra, disciplina en la escuela, decencia en el trato, proporción estética, sentido del límite. Cuando esos hábitos se mantienen, la sociedad puede soportar tensiones. Cuando empiezan a ceder, la sociedad conserva durante un tiempo sus símbolos externos, pero pierde su sustancia. Sigue habiendo instituciones, respeto, conocimiento, calles antiguas cuidadas y discursos elevados. Pero la textura diaria cambia. El espacio público se embrutece. El ruido se normaliza. La vulgaridad se vuelve ubicua. La educación baja su exigencia. La autoridad se vuelve tímida. La belleza se interpreta como elitismo. La disciplina se interpreta como represión. La decadencia se disfraza de espontaneidad.
 
La inmigración marrón no destruye una sociedad de golpe. La reprograma por tolerancia. Primero aparece como excepción. Luego como presencia incómoda pero administrable. Después como costumbre. Finalmente como norma. En ese punto, quien protesta parece exagerado, porque la degradación ya ha sido incorporada al paisaje. La gente se acostumbra a casi todo: al ruido, a la fealdad, a la agresividad, a la obscenidad, a la mala educación, al desorden, a la pérdida de forma. La decadencia triunfa cuando deja de parecer decadencia.
 
Por eso la cuestión decisiva no es si una sociedad puede tolerar alguna imperfección. La cuestión es si conserva un criterio fuerte para distinguir entre lo que debe ser corregido y lo que debe ser aceptado. Sin ese criterio, la tolerancia deja de ser magnanimidad y se convierte en rendición. La misma lógica opera en el individuo. Un hombre no se arruina de golpe. Se arruina por admitir gradualmente decisiones de mierda. Una pequeña concesión a la pereza. Una dosis diaria de vulgaridad. Una amistad que rebaja. Una pantalla que embrutece. Una mentira tolerada. Una mañana perdida. Un deseo sin gobierno. Un abandono mínimo del cuerpo. Una lectura sustituida por escroleo.
 
Al principio, el núcleo parece intacto. El hombre conserva inteligencia, recuerdos de disciplina, alguna ambición, alguna vergüenza. Todavía puede decirse que la mayoría de su vida está en orden. Ese es el autoengaño. La contaminación no se mide por porcentaje, sino por dirección. Lo importante no es cuánto queda limpio, sino qué se ha permitido entrar. Lo inferior, una vez admitido, rara vez se queda en su lugar. Reclama espacio. Pide normalización. Exige que se le deje de juzgar. Luego exige que se le respete. Finalmente acusa de rigidez a quien todavía recuerda el estándar anterior.
 
Así funciona el amarronamiento contaminante: no siempre conquista; muchas veces persuade al huésped de que defenderse es una forma de estrechez. La palabra “pureza” incomoda porque ha sido usada muchas veces de forma estúpida o criminal. Pero sin alguna idea de pureza no hay excelencia posible. Un argumento necesita pureza lógica. Una dieta necesita pureza de criterio. Una vocación necesita pureza de atención. Una amistad necesita pureza de lealtad. Una vida seria necesita pureza de hábitos. Una civilización necesita pureza de forma. Pureza no significa ausencia de complejidad. Significa ausencia de contaminación incompatible.
 
El error contemporáneo consiste en confundir amplitud con promiscuidad. Una mente amplia puede comprender muchas cosas sin incorporarlas. Una sociedad segura puede conocer lo distinto sin rebajarse. Un individuo fuerte puede observar lo vulgar sin imitarlo. La amplitud verdadera exige jerarquía. Sin jerarquía, todo entra en el mismo plano: lo noble y lo bajo, lo bello y lo feo, lo exigente y lo fácil, lo limpio y lo corruptor. Entonces ya no hay cultura. Hay acumulación. Y la acumulación no es riqueza. Es basura organizada.
 
La defensa de una forma de vida exige exclusión. No exclusión arbitraria, sino exclusión de lo incompatible. Una biblioteca excluye el ruido. Una escuela excluye la indisciplina. Una liturgia excluye la grosería. Una mesa decente excluye la suciedad. Una vida intelectual excluye la distracción permanente. Una vida moral excluye ciertos placeres aunque sean posibles. Una civilización excluye aquello que la vuelve incapaz de reproducir sus propias condiciones. Sin exclusión no hay forma.
 
 
El principio es sencillo: no se protege un orden superior mezclándolo alegremente con aquello que lo niega. No se mantiene la claridad mental consumiendo basura mental. No se conserva la dignidad aceptando costumbres indignas. No se preserva la belleza normalizando la fealdad. No se mantiene el autocontrol celebrando el impulso. No se defiende una civilización renunciando a juzgar.
 
La basura siempre pide entrada con argumentos sentimentales: no seas rígido, no seas elitista, no seas antiguo, no seas intolerante, no seas obsesivo. Pero esos argumentos funcionan porque apelan a la vanidad moral del que cede. Nadie quiere parecer estrecho. Nadie quiere parecer duro. Nadie quiere parecer incapaz de adaptarse. Así se pierden los estándares: no porque nadie los valore, sino porque defenderlos resulta socialmente costoso.
 
Hay que entender la asimetría. Lo inferior se difunde con más facilidad que lo superior. La vulgaridad requiere menos energía que la nobleza. El ruido requiere menos formación que el silencio. La obscenidad requiere menos imaginación que el erotismo civilizado. La pereza requiere menos estructura que el trabajo. La mentira requiere menos carácter que la verdad. La fealdad requiere menos disciplina que la belleza. Por eso las cosas buenas necesitan defensa activa. Las malas se propagan solas.
 
El deber, entonces, es mantener frontera. Frontera en la ciudad, en la institución, en la conversación, en la amistad, en la pantalla, en el cuerpo y en la mente. No todo merece entrada. No todo merece explicación paciente. No todo merece convivencia. Algunas cosas se rechazan porque admitirlas ya es empezar a parecerse a ellas. La comida no sigue siendo comida porque aún quede más comida que mierda. Una vida no sigue siendo noble porque aún conserve algunos hábitos buenos. Una sociedad no sigue siendo civilizada porque aún tenga monumentos y algunos servicios públicos.
 
Algunas mezclas contaminan y producen podredumbre social e individual. Cuando la podredumbre se normaliza, lo que desaparece no es solo la limpieza. Desaparece también la capacidad de oler.
0 Comments

Los católicos son los primeros protestantes

8/27/2026

0 Comments

 
Durante el primer milenio el cristianismo no estaba organizado alrededor de un único hombre con autoridad absoluta sobre todos los demás obispos. La Iglesia se estructuraba alrededor de cinco grandes sedes apostólicas: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Había jerarquía, primacías y disputas, pero ninguna de esas cinco Iglesias podía simplemente declarar que gobernaba unilateralmente sobre las demás.
 
La primera gran fractura llegó cuando Roma empezó a atribuir a su obispo una autoridad universal que los otros patriarcados no reconocían. El problema de 1054 no fue que cuatro Iglesias abandonaran a una quinta. Desde la perspectiva ortodoxa ocurrió precisamente lo contrario: una de las cinco sedes se separó de las otras cuatro al reclamar para sí una posición que la estructura anterior de la Iglesia no le concedía y empezar a introducir innovaciones unilaterales que la separaban de la ortodoxia.
 
La importancia de esta primera ruptura está en el principio que introdujo. Una vez alterado el mecanismo tradicional de autoridad, la Iglesia occidental quedó organizada alrededor de una jefatura cada vez más centralizada y arbitraria. Cinco siglos después apareció la reacción contraria. Lutero y los reformadores rechazaron precisamente esa autoridad romana, pero no regresaron al sistema anterior. Sustituyeron una autoridad universal por la posibilidad de revisar la doctrina desde fuera de ella.
 
Entonces comenzó la gran fragmentación. Lutero rechaza a Roma. Otros reformadores rechazan partes de Lutero. Después otros corrigen a esos reformadores. Cada nueva comunidad conserva la capacidad de volver a interpretar aquello que recibió de la anterior. El mecanismo contiene su propia reproducción. Si una generación puede separarse porque considera que la Iglesia precedente se equivocó, la siguiente puede hacer exactamente lo mismo.
 
La ironía histórica es que todo empieza con una ruptura mucho anterior. Primero una de las cinco grandes sedes de la Iglesia antigua reclama una autoridad que las otras cuatro rechazan. Siglos después, dentro de esa misma rama occidental, otros rechazan la autoridad que Roma había construido. Y después rechazan la autoridad de quienes rechazaron a Roma. La fragmentación protestante parece caótica cuando se observa aisladamente. Vista desde 1054, parece una continuación. Una escisión produjo una Iglesia separada. La siguiente convirtió la escisión en método. La ortodoxia mantuvo la tradición y no innovó de manera arbitraria.
0 Comments

El estatus forma parte del atractivo masculino

8/27/2026

0 Comments

 
En un experimento [1] fotografiaron al mismo hombre exactamente en la misma posición junto a tres coches de valores muy distintos: uno barato y deteriorado, otro de gama media y un Mercedes nuevo. Después, mujeres valoraron su atractivo. El resultado fue casi lineal: cuanto mayor era el valor del coche, más atractivo parecía el mismo hombre.
 
Desde la psicología evolutiva tiene sentido. Las mujeres han tendido históricamente a valorar en mayor medida las señales de recursos y capacidad de provisión, porque la reproducción suponía para ellas un coste biológico mucho mayor.
0 Comments

Creer que has dormido bien te hace pensar mejor

8/27/2026

0 Comments

 
El efecto no solo funciona con pastillas o con el dolor, también puede alterar el rendimiento cognitivo. Lo que creemos sobre nuestro propio estado puede modificar, hasta cierto punto, cómo funciona realmente nuestra mente.
 
En un experimento [2], los participantes durmieron en casa con normalidad y al día siguiente acudieron al laboratorio. Allí les hicieron creer que una máquina había medido objetivamente la calidad de su sueño. El resultado era completamente falso y asignado al azar: a unos les dijeron que habían pasado mucho tiempo en fase REM y que, por tanto, habían dormido bien; a otros, que habían tenido poco sueño REM y habían dormido mal.
 
Después hicieron varias pruebas cognitivas. La calidad de sueño que los investigadores les habían hecho creer predijo su rendimiento en algunas de ellas, mientras que la calidad de sueño que los propios participantes habían declarado al levantarse no lo hizo. El efecto tampoco apareció en todas las pruebas, así que no basta con pensar que has dormido bien para convertirte en un genio.
 
Lo interesante es que una información falsa sobre el propio cuerpo fue suficiente para modificar capacidades mentales reales. No cambió el sueño de la noche anterior. Cambió lo que la persona creía que ese sueño había hecho con ella.
0 Comments

La desigualdad funciona como capital moral de los pstpps

8/27/2026

0 Comments

 
Simone de Beauvoir recuerda a la joven Simone Weil como una compañera brillante, rara e incómoda. Al saber que una hambruna devastaba China, Weil se puso a llorar. Beauvoir admiró aquella capacidad de sufrir por una desgracia ocurrida al otro lado del mundo. Más tarde hablaron y Beauvoir sostuvo que el problema humano no consistía únicamente en alcanzar el bienestar material, sino también en encontrar sentido a la existencia. Weil la cortó: «Se nota que usted nunca ha pasado hambre.»
 
La frase resulta especialmente interesante porque ninguna de las dos era pobre. Weil era hija de un médico y de una familia culta; su hermano André Weil acabaría siendo uno de los grandes matemáticos del siglo XX. Beauvoir nació también en una familia burguesa católica parisina, con un padre jurista y una madre procedente de una familia acomodada de banqueros. Su familia perdió buena parte de su dinero después de la Primera Guerra Mundial, pero conservó educación, capital cultural y conciencia de clase. Las dos podían hablar de los pobres desde fuera. La diferencia es que Weil parecía entender mejor qué significa que lo material deje de ser una cuestión teórica.
 
Se puede ser pstpps, hablar constantemente de desigualdad e incluso convertirse en referente de la izquierda, pero conviene recordar que los rdslss suelen preocuparse de cosas distintas. Los pstpps tienen margen para preocuparse por conceptos: lenguaje, representación, identidad, significado, autorrealización, las necesidades de la parte alta de la pirámide de Maslow. Los rdslss están obligados a pensar en cosas mucho más vulgares: alquiler, salario, coche, deuda, comida y cuánto margen de error queda antes de caer al hoyo. No porque sean intelectualmente más simples, sino porque la precariedad concentra la atención. Cuando no hay dinero, lo material deja de ser materialismo y se convierte en infraestructura de la existencia.
 
Por eso existe una diferencia entre el pstpps que utiliza la pobreza como objeto intelectual y el que consigue comprender hasta qué punto el dinero ordena la vida de quien no lo tiene. Lo incómodo es que el estudio de la desigualdad queda muchas veces en manos de gente que transforma la desgracia ajena en capital cultural, profesional o moral propio. Entonces la desigualdad deja de ser el problema del alquiler, del salario, de la deuda o de no poder equivocarse y se convierte en discurso: algo que conceptualizar, analizar, publicar y utilizar para medrar. Se habla de los de abajo desde una posición en la que nunca existe riesgo real de acabar abajo.
0 Comments

Deprimirse sirve para saber cuándo rendirse

8/27/2026

0 Comments

 
La depresión se suele ver como un fallo pero si es tan frecuente debería tener una razón evolutiva positiva en algunos escenarios. Cuando una persona persigue durante demasiado tiempo un objetivo imposible, seguir insistiendo deja de ser perseverancia y empieza a ser destrucción de recursos: tiempo, energía, atención. El sesgo del coste hundido y la infravaloración del coste de oportunidad.
 
Un estudio longitudinal [3] siguió durante unos 19 meses a chicas adolescentes y encontró algo compatible con esta idea. Las que inicialmente presentaban más síntomas depresivos desarrollaron con el tiempo una mayor capacidad para abandonar objetivos inalcanzables. Y, más importante, quienes mejoraron esa capacidad de abandonar objetivos mostraron después una reducción de los síntomas depresivos. El efecto apareció en la retirada de tratar de lograr algo casi imposible, no en la capacidad de encontrar inmediatamente otro objetivo al que aferrarse.
 
La lógica evolutiva es que un organismo que insiste indefinidamente en una estrategia que no funciona acaba gastando recursos que podría utilizar en otra parte. Hay momentos en los que seguir cazando en un territorio vacío, persiguiendo una pareja que no te quiere, intentando salvar una relación muerta, una carrera imposible o un proyecto condenado demuestra incapacidad para actualizar información. Parar es la estrategia eficiente.
 
El estado depresivo reduce energía, motivación y tendencia a perseguir recompensas. Normalmente interpretamos esas características únicamente como defectos porque observamos la depresión desde el ideal moderno de actividad permanente: producir, insistir, avanzar, intentarlo otra vez. Pero precisamente esa reducción temporal de la actividad podría servir, en determinados contextos, para impedir que sigamos quemando recursos. No toda perseverancia es virtud.
 
Las emociones desagradables existen por alguna causa. El dolor obliga a retirar la mano del fuego. El miedo obliga a evitar ciertos riesgos. La tristeza puede obligar a abandonar aquello que nuestra voluntad se niega a dar por perdido.
0 Comments

El sesgo del superviviente

8/27/2026

0 Comments

 
La imagen clásica de los aviones de la Segunda Guerra Mundial explica bastante bien los inversores famosos en materias primas, acciones, opciones o criptos. Observamos a los que sobrevivieron a una secuencia absurda de apuestas, volatilidad y decisiones que podrían haberlos eliminado en cualquier momento, y después reconstruimos retrospectivamente su trayectoria como si hubiera sido inevitable. El superviviente se convierte en genio y sus apuestas se convierten en estrategia a imitar. Su suerte en unas pocas apuestas se convierte en un supuesto edge que si se pone en cuestión parece que es por envidia.
 
En un mercado suficientemente ruidoso siempre habrá alguien que encadene varias decisiones correctas. Si miles de personas lanzan monedas al aire durante suficiente tiempo, alguna tendrá una secuencia extraordinaria de caras. Las opciones y las criptos añaden además una ventaja narrativa: el ganador puede enseñar el pantallazo del x50 y se obvian los veinte tokens que murieron por el camino, las decenas de opciones que acabaron a cero.
 
Por eso muchos héroes son una versión glorificada del avión lleno de agujeros. Han sobrevivido hasta ahora, sin más. En un horizonte suficientemente largo, la mayoría aterrizando en posiciones más centrales del paseo aleatorio, o descubriendo que monetizar una audiencia es mucho más seguro que seguir demostrando que se posee un edge.
 
El superviviente parece especial porque los muertos no tienen cuenta de Twitter. Sin muchas apuestas distintas, decenas, cientos, la suerte es indistinguible del buen hacer.
0 Comments

El futuro distópico es el  progreso

8/27/2026

0 Comments

 
La distopía no llega súbitamente, normalmente llega como degradación estética que termina pareciendo normal. Una sociedad pierde orden y belleza paulatinamente y al cabo de una generación nadie recuerda que alguna vez pudo ser distinta.
 
Las fotografías urbanas de mediados del siglo XX producen una sensación extraña precisamente por eso. No muestran una utopía: había pobreza, violencia, desigualdad, enfermedades y vidas mucho más duras que las actuales. Pero muestran algo que hemos perdido en buena parte del espacio público: estética y orden. La gente salía a la calle vestida como si encontrarse con desconocidos importara. Los edificios pretendían durar y tenían ornamentación en vez de funcionalidad. Los comercios tenían identidad. Existían códigos visibles sobre cómo presentarse, cómo comportarse y cuánto de la propia dejadez era razonable imponer a los demás.
 
El progreso material de las últimas décadas es enorme. Tenemos mejores medicamentos, proteínas diversas a un coste asumible, vuelos accesibles y una capacidad tecnológica que habría parecido magia en 1950. Pero ese progreso creó una ilusión: que si las variables cuantificables mejoran, entonces necesariamente mejora la civilización. Una sociedad puede enriquecerse mientras su espacio público se embrutece, su arquitectura se abarata, su ropa se infantiliza, su lenguaje se empobrece y sus estándares de comportamiento desaparecen.
 
El error está en pensar que decadencia significa necesariamente hambre o ruinas. Roma no deja de ser Roma el día en que arde. Antes ocurre algo más sutil: se tolera lo que antes producía vergüenza. La camiseta sustituye a la camisa, el chándal invade lugares donde antes existía un código, el altavoz sustituye a los auriculares, la fachada de materiales sospechosos sustituye a la piedra, el grafiti sustituye al muro limpio y cualquier exigencia estética termina interpretándose como elitismo.
 
Por supuesto, las fotografías antiguas están sesgadas. No vemos las viviendas rdslss ni a quienes no podían permitirse pasear por esas calles vestidos así. La nostalgia puede mentir. Pero que la fotografía idealice una época no significa que todo lo que percibimos sea una ilusión. También puede conservar estándares que realmente existieron y que hemos decidido abandonar porque mantenerlos requería esfuerzo y unos valores que han desaparecido.
 
Lo verdaderamente distópico no es que el presente sea peor en todo. Es que puede ser objetivamente mejor en cientos de dimensiones y, al mismo tiempo, resultar visiblemente más feo, más ruidoso y más vulgar. El progreso tecnológico y la decadencia cultural pueden ocurrir simultáneamente.
0 Comments

Tolstói observaba la vida; Dostoyevski sobrevivía

8/27/2026

0 Comments

 
Tolstói y Dostoyevski escribían diferente porque sus vidas fueron muy distintas. Tolstói nació aristócrata, heredó una finca y pasó buena parte de su vida en Yásnaia Poliana, observando familias, matrimonios, estaciones, cosechas y el lento movimiento de la vida. Dostoyevski estuvo frente a un pelotón de fusilamiento convencido de que iba a morir, recibió el indulto en el último momento, pasó años en Siberia, perdió hijos, sufrió epilepsia, se hizo adicto al juego y pasó buena parte de su vida perseguido por las deudas.
 
Se nota en los libros. Tolstói mira a sus personajes desde arriba, como quien contempla durante años un paisaje y acaba entendiendo cómo cambia la luz. Tiene espacio para observar matrimonios, clases sociales, pequeñas humillaciones, conversaciones, rutinas y transformaciones que tardan décadas. Incluso cuando ocurre una tragedia, el mundo continúa alrededor de ella. Hay estaciones. campos que cultivar.
 
Dostoyevski escribe desde dentro de una habitación cerrada a la que le falta oxígeno. Sus personajes tienen deudas, delirios, culpa, asesinatos, humillación, deseo, enfermedades. Todo parece ocurrir a las tres de la mañana y con alguien a punto de revelar algo monstruoso. Este autor pone la mente humana bajo presión hasta que empieza a romperse.
 
Tolstói tuvo guerras, crisis religiosas y una vida familiar no del todo tranquila, pero la biografía deja una impronta en la obra. Uno aprendió del ser humano observándolo vivir. El otro aprendió viéndolo llegar al límite.
0 Comments
<<Previous

    *

    Que ante ti el sendero sea llano, que el camino se abra para que puedas pasar y que la montaña se abra, también, a tu paso.

    *

    RSS Feed

    sexymiseria2.pdf
    File Size: 869 kb
    File Type: pdf
    Download File

Powered by Create your own unique website with customizable templates.