La imagen clásica de los aviones de la Segunda Guerra Mundial explica bastante bien los inversores famosos en materias primas, acciones, opciones o criptos. Observamos a los que sobrevivieron a una secuencia absurda de apuestas, volatilidad y decisiones que podrían haberlos eliminado en cualquier momento, y después reconstruimos retrospectivamente su trayectoria como si hubiera sido inevitable. El superviviente se convierte en genio y sus apuestas se convierten en estrategia a imitar. Su suerte en unas pocas apuestas se convierte en un supuesto edge que si se pone en cuestión parece que es por envidia.
En un mercado suficientemente ruidoso siempre habrá alguien que encadene varias decisiones correctas. Si miles de personas lanzan monedas al aire durante suficiente tiempo, alguna tendrá una secuencia extraordinaria de caras. Las opciones y las criptos añaden además una ventaja narrativa: el ganador puede enseñar el pantallazo del x50 y se obvian los veinte tokens que murieron por el camino, las decenas de opciones que acabaron a cero.
Por eso muchos héroes son una versión glorificada del avión lleno de agujeros. Han sobrevivido hasta ahora, sin más. En un horizonte suficientemente largo, la mayoría aterrizando en posiciones más centrales del paseo aleatorio, o descubriendo que monetizar una audiencia es mucho más seguro que seguir demostrando que se posee un edge.
El superviviente parece especial porque los muertos no tienen cuenta de Twitter. Sin muchas apuestas distintas, decenas, cientos, la suerte es indistinguible del buen hacer.
En un mercado suficientemente ruidoso siempre habrá alguien que encadene varias decisiones correctas. Si miles de personas lanzan monedas al aire durante suficiente tiempo, alguna tendrá una secuencia extraordinaria de caras. Las opciones y las criptos añaden además una ventaja narrativa: el ganador puede enseñar el pantallazo del x50 y se obvian los veinte tokens que murieron por el camino, las decenas de opciones que acabaron a cero.
Por eso muchos héroes son una versión glorificada del avión lleno de agujeros. Han sobrevivido hasta ahora, sin más. En un horizonte suficientemente largo, la mayoría aterrizando en posiciones más centrales del paseo aleatorio, o descubriendo que monetizar una audiencia es mucho más seguro que seguir demostrando que se posee un edge.
El superviviente parece especial porque los muertos no tienen cuenta de Twitter. Sin muchas apuestas distintas, decenas, cientos, la suerte es indistinguible del buen hacer.
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