La inteligencia suele medirse como capacidad para resolver problemas abstractos, detectar patrones o aprender rápido. Naval propone una prueba más sencilla: «La única prueba real de inteligencia es si consigues de la vida lo que quieres.» No porque el IQ no importe, sino porque una inteligencia que nunca consigue traducirse en decisiones termina siendo una capacidad desperdiciada. La inteligencia aplicada contiene entonces una dimensión ejecutiva. Elegir correctamente qué querer, descubrir qué variables importan, y actuar sobre ellas.
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*Que ante ti el sendero sea llano, que el camino se abra para que puedas pasar y que la montaña se abra, también, a tu paso. *
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