«De todas las cosas ridículas del mundo, la que me parece más ridícula de todas es estar ocupado en el mundo: ser un hombre que come deprisa y trabaja deprisa. Por eso, cuando en el momento decisivo veo que una mosca se posa en la nariz de semejante hombre de negocios, o que un carruaje que pasa todavía con más prisa lo salpica de barro, o que se levanta el puente levadizo, o que una teja cae del tejado y lo mata, me río desde el fondo de mi corazón. ¿Y quién podría evitar reírse? Porque ¿qué consiguen esos afanosos? ¿No son como el ama de casa que, confundida por el incendio de su casa, salvó las tenazas de la chimenea? ¿Qué otra cosa logran rescatar del gran incendio de la vida?»
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*Que ante ti el sendero sea llano, que el camino se abra para que puedas pasar y que la montaña se abra, también, a tu paso. *
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