Un estudio [16] basado en cuatro encuestas representativas y dos experimentos con casi 18.000 personas de Estados Unidos y Países Bajos, encontró que las personas con mayor ansiedad tienden a apoyar más la redistribución, el gasto social, la sanidad pública, las prestaciones por desempleo y mayores impuestos a los ricos.
Los autores proponen la social support hypothesis. La ansiedad funciona en parte como un sistema de alarma frente a vulnerabilidad, rechazo y exclusión. Cuando ese sistema es especialmente sensible, aumenta el valor subjetivo de disponer de una red que pueda sostenerte si algo sale mal. En una sociedad moderna, el Estado del bienestar puede funcionar psicológicamente como una versión institucional de esa red: alguien que proporciona recursos cuando uno queda enfermo, desempleado o pobre.
Lo interesante es que la relación no parece explicarse simplemente porque las personas ansiosas sean más pobres. Los autores controlaron ingresos, propiedad de vivienda, desempleo, seguro médico y otras medidas de seguridad material. La ansiedad seguía prediciendo actitudes económicas y, en algunos análisis, lo hacía tanto o más que la propia situación material. Una persona económicamente segura puede seguir teniendo un sistema psicológico que percibe el mundo como precario.
En los datos observacionales, la relación entre ansiedad y redistribución aparecía sobre todo entre quienes sentían disponer de poco apoyo social. Y en uno de los experimentos, entre participantes políticamente implicados que habían sido sometidos a una experiencia de rechazo, los más ansiosos llegaron a situarse 53 puntos más a la izquierda en una escala económica de 100 puntos que los menos ansiosos.
Esto invierte una intuición clásica de la psicología política. Durante décadas se sostuvo que el miedo y la inseguridad debían empujar hacia posiciones conservadoras, asociadas al orden y la protección. Este estudio propone que ante una amenaza externa quizá se busque autoridad, pero ante la posibilidad de quedarse solo y sin recursos, puede buscarse provisión. La misma vulnerabilidad psicológica no tiene por qué producir la misma política.
Los autores proponen la social support hypothesis. La ansiedad funciona en parte como un sistema de alarma frente a vulnerabilidad, rechazo y exclusión. Cuando ese sistema es especialmente sensible, aumenta el valor subjetivo de disponer de una red que pueda sostenerte si algo sale mal. En una sociedad moderna, el Estado del bienestar puede funcionar psicológicamente como una versión institucional de esa red: alguien que proporciona recursos cuando uno queda enfermo, desempleado o pobre.
Lo interesante es que la relación no parece explicarse simplemente porque las personas ansiosas sean más pobres. Los autores controlaron ingresos, propiedad de vivienda, desempleo, seguro médico y otras medidas de seguridad material. La ansiedad seguía prediciendo actitudes económicas y, en algunos análisis, lo hacía tanto o más que la propia situación material. Una persona económicamente segura puede seguir teniendo un sistema psicológico que percibe el mundo como precario.
En los datos observacionales, la relación entre ansiedad y redistribución aparecía sobre todo entre quienes sentían disponer de poco apoyo social. Y en uno de los experimentos, entre participantes políticamente implicados que habían sido sometidos a una experiencia de rechazo, los más ansiosos llegaron a situarse 53 puntos más a la izquierda en una escala económica de 100 puntos que los menos ansiosos.
Esto invierte una intuición clásica de la psicología política. Durante décadas se sostuvo que el miedo y la inseguridad debían empujar hacia posiciones conservadoras, asociadas al orden y la protección. Este estudio propone que ante una amenaza externa quizá se busque autoridad, pero ante la posibilidad de quedarse solo y sin recursos, puede buscarse provisión. La misma vulnerabilidad psicológica no tiene por qué producir la misma política.
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