La espera de las condiciones adecuadas es una de las formas más elegantes de procrastinación. “Cuando tenga más tiempo.” “Cuando termine este problema.” “Cuando esté menos cansado.” “Cuando tenga dinero.” “Cuando sepa exactamente cómo hacerlo.” El futuro imaginado siempre contiene una versión de nuestra vida con menos fricción. El problema es que esa versión nunca llega.
C. S. Lewis escribió Learning in War-Time en 1939, cuando Europa acababa de entrar en guerra. La pregunta era bastante razonable: ¿qué sentido tenía estudiar literatura, filosofía o ciencia mientras podían llamarte a filas, bombardear tu ciudad o matarte? Su respuesta fue que la guerra únicamente hacía visible una condición permanente. Siempre hay rivales para nuestro trabajo: enamorarse, discutir, buscar empleo, temer perderlo, enfermar, recuperarse, seguir obsesivamente la actualidad. Si esperamos a que desaparezcan las distracciones para empezar a trabajar, esperaremos toda la vida. Las condiciones favorables nunca llegan.
Chesterton ofrece la solución complementaria: si algo merece la pena, merece la pena hacerlo mal. La frase parece una provocación porque estamos acostumbrados a creer lo contrario, pero contiene una idea bastante más útil. Hay actividades cuyo valor no depende de ejecutarlas perfectamente. Es mejor escribir mal que pasar diez años preparándose para escribir. Es mejor aprender griego lentamente que esperar a tener dos horas libres cada día. Es mejor entrenar cuarenta minutos de forma mediocre y seguir teniendo forma de pera que esperar a diseñar la rutina perfecta y mientras tanto no hacer nada de ejercicio y acabar teniendo forma de sandía. Es mejor empezar un proyecto regular y corregirlo que conservarlo impecable dentro de la cabeza. Learning by doing.
El perfeccionismo y la espera comparten estructura. Ambos convierten una deficiencia presente en permiso para no actuar. Uno dice: todavía no puedo hacerlo suficientemente bien. El otro: todavía no puedo hacerlo en circunstancias suficientemente buenas. El resultado práctico es idéntico: procrastinación.
C. S. Lewis escribió Learning in War-Time en 1939, cuando Europa acababa de entrar en guerra. La pregunta era bastante razonable: ¿qué sentido tenía estudiar literatura, filosofía o ciencia mientras podían llamarte a filas, bombardear tu ciudad o matarte? Su respuesta fue que la guerra únicamente hacía visible una condición permanente. Siempre hay rivales para nuestro trabajo: enamorarse, discutir, buscar empleo, temer perderlo, enfermar, recuperarse, seguir obsesivamente la actualidad. Si esperamos a que desaparezcan las distracciones para empezar a trabajar, esperaremos toda la vida. Las condiciones favorables nunca llegan.
Chesterton ofrece la solución complementaria: si algo merece la pena, merece la pena hacerlo mal. La frase parece una provocación porque estamos acostumbrados a creer lo contrario, pero contiene una idea bastante más útil. Hay actividades cuyo valor no depende de ejecutarlas perfectamente. Es mejor escribir mal que pasar diez años preparándose para escribir. Es mejor aprender griego lentamente que esperar a tener dos horas libres cada día. Es mejor entrenar cuarenta minutos de forma mediocre y seguir teniendo forma de pera que esperar a diseñar la rutina perfecta y mientras tanto no hacer nada de ejercicio y acabar teniendo forma de sandía. Es mejor empezar un proyecto regular y corregirlo que conservarlo impecable dentro de la cabeza. Learning by doing.
El perfeccionismo y la espera comparten estructura. Ambos convierten una deficiencia presente en permiso para no actuar. Uno dice: todavía no puedo hacerlo suficientemente bien. El otro: todavía no puedo hacerlo en circunstancias suficientemente buenas. El resultado práctico es idéntico: procrastinación.
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