En un estudio [6] se observaron mediante resonancia magnética funcional a 56 adultos jóvenes mientras veían vídeos cortos. Dos regiones fundamentales para el control cognitivo (la corteza cingulada anterior dorsal y la corteza prefrontal dorsolateral) mostraron una desactivación significativa cuando los participantes veían vídeos que les gustaban y decidían terminar. La desactivación era menor con los vídeos que interesaban menos y que abandonaban antes. Es decir, precisamente cuando el contenido conseguía retenerlos, la red cerebral asociada al control deliberado reducía su actividad.
Tiene sentido desde el diseño del producto. El vídeo corto elimina casi todas las fricciones que normalmente permiten recuperar el control. No hay que elegir una película, abrir un libro, buscar otro capítulo, ni siquiera decidir conscientemente qué ver después. Termina un estímulo y aparece automáticamente el siguiente. La decisión desaparece y queda únicamente el consumo.
El estudio encontró además diferencias relacionadas con el glutamato en la corteza cingulada anterior: quienes tenían mayores concentraciones basales mostraban menos supresión de estas regiones durante el visionado. Esto sugiere que existen diferencias individuales en la facilidad con la que ese sistema de control queda desplazado, aunque el experimento no demuestra que ver vídeos cortos produzca daños permanentes ni que altere irreversiblemente el cerebro. Lo que demuestra es que durante el consumo inmersivo de vídeos que gustan la red de control cognitivo trabaja menos.
Ese mecanismo ayuda a explicar una experiencia que cualquiera reconoce. Abres la aplicación durante cinco minutos y cuarenta minutos después sigues dentro sin haber tomado cuarenta decisiones conscientes de continuar. No has decidido cuarenta veces seguir mirando. El sistema ha conseguido que dejar de mirar sea la única decisión que todavía requiere esfuerzo. El producto perfecto no necesita convencerte de que continúes, solo necesita debilitar durante unos segundos la parte de ti que decide parar.
Tiene sentido desde el diseño del producto. El vídeo corto elimina casi todas las fricciones que normalmente permiten recuperar el control. No hay que elegir una película, abrir un libro, buscar otro capítulo, ni siquiera decidir conscientemente qué ver después. Termina un estímulo y aparece automáticamente el siguiente. La decisión desaparece y queda únicamente el consumo.
El estudio encontró además diferencias relacionadas con el glutamato en la corteza cingulada anterior: quienes tenían mayores concentraciones basales mostraban menos supresión de estas regiones durante el visionado. Esto sugiere que existen diferencias individuales en la facilidad con la que ese sistema de control queda desplazado, aunque el experimento no demuestra que ver vídeos cortos produzca daños permanentes ni que altere irreversiblemente el cerebro. Lo que demuestra es que durante el consumo inmersivo de vídeos que gustan la red de control cognitivo trabaja menos.
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